La primera va desde De mi vida y de mi tierra (1914) hasta su Antología poética (1952) y sus póstumos Ultimos versos (1961), en tanto que entre las narraciones El viento blanco, (1922), ha contribuido apreciablemente a señalar a Dávalos como uno de nuestros mejores cuentistas. Así lo ratifican Relatos lugareños (1930) y Cuentos y relatos del Norte Argentino (1946).
Juan Carlos Dávalos: Un caballero andante de las letras,
por Andrés Mendieta
“Yace aquí el Hidalgo fuerte que a tanto extremo llegó de valiente, que se advierte que la muerte no triunfó que su vida con su muerte, tuvo a todo el mundo en poco; fue el espantajo y el coco del mundo, que tal coyuntura, que acreditó su ventura morir cuerdo y vivir loco”.Estos letras encontradas entre amarillentos papeles encontradas en un rincón de mis archivos reproducen una obra de varios siglos atrás pareciera que su autor, en aquel tiempo, escribió para un grande a quien, en esta edición, recordamos.Este ”Hidalgo fuerte”, fue tan fuerte que ni la muerte pudo matarlo aquel 6 de noviembre de 1959. Esa misma muerte que aún llora por su fracaso porque él está aquí y vive entre nosotros.Este personaje que pasó a ser el alma de Salta se llama Juan Carlos Dávalos, ”Don Sanca”.Mucho se ha escrito sobre su labor literaria; de sus anédoctas y de sus expresiones líricas que dejó para la crítica en prestigiosos cenáculos del país como del extranjero. Juan Carlos Dávalos en su carta a Soiza Reilly habla ya de sí, en estos términos:“Mi vocación despertó a los 13 o 14 años. El año que murió mi padre, pasé el verano con mi abuela Isasmendi, en su finca Colomé, en tierras calchaquíes, donde mi bisabuelo había tenido una enorme encomienda: la que hoy es todo el departamento de Molinos. Las originales costumbres, los quehaceres domésticos, morales e industriosos de mi abuela, sus colerones, sus rezos, sus reniegos con la servidumbre, en fin, todos los aspectos de un carácter excepcionalmente apasionado y enérgico, los consigné en un cuaderno escolar, y en secreto. Uno de mis tíos me sorprendió escribiendo, leyó los apuntes y se armó un alboroto. Sofocón de mi abuela, llanto, reprimenda de mis tíos, y por último secuestro y destrucción de las páginas indiscretas e irreverentes”.“A los 15 años publiqué versos, muy malos naturalmente, en los diarios de mi pueblo, y artículos periodísticos de diversa índole: crítica social, crítica literaria, actividades estudiantiles, etc. A los 17 años, en compañía de David Michel Torino, actual director de El Intransigente, y de Julio J. Paz, el periódico estudiantil “Sancho Panza” que murió al 5º o 6º número, víctima de su propia insensatez”.Más adelante cuenta sobre sus estudios ya sea en el Nacional de Salta, en el San José de Buenos Aires y cuando su madre aspira tener un hijo abogado el poeta a quien estamos honrando en el nuevo aniversario de su muerte, acaecida el 6 de noviembre de 1959, confiesa: ”pero como yo disponía de harto dinero, en vez de estudiar, me dediqué a la vagancia y a la lectura. Después de 3 años de “hacer de estudiante” me vine a Salta, donde compré un aserradero y serruché 80,000 pesos, arruinando, o poco menos, a mi familia que pagaron mis deudas y no me dejaron quebrar”.Al concluir su autobiografía ˆescrita en l933- rinde su homenaje a su esposa, “mi mujercita”. “Se llama María Celesia Elena <6>. Yo la llamo “Doña Chela”, cariñosamente, porque es la señora de mis pensamientos y la inspiradora de mis versos, y alentadora de mi incurable pereza para escribir Si fuera posible mentarla ˆcuenta más adelante- sólo como lo es: un alto y puro espíritu excepcionalmente noble, quedaríamos encantados. Es mujer de su casa y no desea verse en evidencia”.Clara vivencia de un hijo privilegiado de Salta: hombre y poeta; arte y vida. Un bohemio con aire de caballero de España y de hidalguía de todos los bohemios.
"Muge plantado en actitud bravía,
ceñido el lazo del testuz adusto,
y terco afronta con empaque augusto
el asalto voraz de la jauría.”
(De “La muerte del toro”)
Bien está que se acuerde
con la hondonada quieta
y su silencio verde
tu soledad, poeta.
Fedrico Castellanos Uriburu, Dr. Joaquín Castellanos, Ricardo Güiraldes, Juan Carlos Dávalos y Alberto Mendioroz
La extensa producción de Juan Carlos Dávalos recorre la prosa, la poesía y el teatro. Publicó los siguientes poemarios: De mi vida y de mi tierra (Salta, 1914), Cantos agrestes (Salta, 1917), Cantos de la montaña (Buenos Aires, 1921), Otoño (Buenos Aires, 1935), Salta, su alma y sus paisajes (Buenos Aires, 1947), Últimos versos (Salta, 1961). Sus textos narrativos publicados son: Salta (Buenos Aires, 1918), El viento Blanco (Buenos Aires, 1922), Airampo (Buenos Aires-Córdoba, 1925), Los buscadores de oro (Buenos Aires, 1928), Los gauchos (Buenos Aires, 1928), Los casos del zorro (Buenos Aires- Córdoba, 1925), Relatos lugareños (Buenos Aires, 1930), Los valles de Cachi y Molinos (Buenos Aires, 1937), Estampas lugareñas (Tucumán, 1941), La Venus de los barriales (Tucumán, 1941), Cuentos y relatos del norte argentino (Buenos Aires, 1946), El sarcófago verde y otros cuentos (Salta, 1976). También dio a conocer textos dramáticos, como Don Juan de Viniegra Herze (Salta, 1917), Águila renga, comedia política (Buenos Aires, 1928, escrita junto a Guillermo Bianchi), La tierra en armas (Buenos Aires, 1935, escrita junto a Ramón Serrano). Su extensa édita ha sido descripta por Iris Rossi en un completo estudio bibliográfico publicado en 1966 por el Fondo Nacional de las Artes.
En el año 1997, el Senado de la Nación editó, en tres tomos, las Obras Completas de Juan Carlos Dávalos.
respetuosamente
FVD

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